Qué revisar antes de comprar un auto usado
La mayoría de los problemas al comprar un usado no aparecen porque falte información, sino porque se revisa en el orden equivocado: se llega al auto, gusta, y recién ahí se piensa en los papeles. Esta guía va al revés, y va por etapas.
Etapa 1: en el aviso, antes de moverte
Esta etapa es gratis y es la que más tiempo te ahorra. La mayoría de la gente se la saltea y termina perdiendo sábados enteros yendo a ver autos que ya se podían descartar desde el celular.
Las fotos
Contá cuántas hay y qué muestran. Un aviso serio tiene los cuatro laterales, el interior, el tablero y el motor. Fijate sobre todo en lo que NO está: si no hay foto del vano motor, del tablero encendido o del baúl, hay que preguntarse por qué.
Mirá también cómo están tomadas. Fotos de noche, a contraluz o todas de lejos pueden ser casualidad, pero también pueden estar disimulando el estado real de la chapa.
El precio contra el mercado
Buscá el mismo modelo, año y kilometraje aproximado en MercadoLibre y mirá cinco o seis publicaciones. Si el que estás mirando está muy por encima del promedio, tenés margen para negociar (o para descartarlo). Si está muy por debajo, desconfiá más todavía: nadie regala un auto sano.
La descripción
Leé con atención. Frases como "único dueño", "siempre en garage" o "service al día" son fáciles de decir y difíciles de probar: pedí los comprobantes. Y las omisiones hablan: si no dice el kilometraje, preguntá antes de ir.
Antes de escribirle al vendedor, decidí si ese auto vale un viaje. De cada diez avisos, tres o cuatro se descartan solo mirando bien las fotos y el precio. Esos son cuatro sábados que te ahorrás.
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Subí las fotos y VeriCar te dice qué señales aparecen, qué falta y qué preguntar antes de ir a verlo.
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Etapa 2: los papeles, antes de enamorarte
Esto se revisa antes de ir a ver el auto, no después. Porque si los papeles están mal, no importa lo lindo que esté: no lo vas a poder transferir, o vas a heredar deudas ajenas.
- Título y cédula verde a nombre de quien vende. Si el que te atiende no es el titular, preguntá por qué. Comprar de un intermediario sin poder es un problema.
- Informe de dominio. Se pide en el Registro Automotor y muestra si el auto tiene prenda (una deuda con el auto como garantía), embargo o inhibición. Un auto con prenda no se transfiere hasta que se cancele.
- Deuda de patentes. Se consulta en la web de rentas de la provincia o de la Ciudad. La deuda sigue al auto, no al dueño anterior.
- Multas e infracciones. Mismo criterio: pueden trabar la transferencia.
- VTV vigente. Además de ser obligatoria, si está vencida hace mucho, dice algo sobre cómo se cuidó el auto.
Si el vendedor te esquiva el informe de dominio, o te dice "después lo vemos, primero sacá la seña", no sigas. Ese informe es barato y lo puede pedir cualquiera. La única razón para esconderlo es que tenga algo adentro.
Etapa 3: el auto en persona
Llegaste. El auto pasó el filtro de las fotos y los papeles están bien. Ahora sí, revisalo. Y hacelo de día y con el motor frío: un motor que ya está caliente puede estar tapando un arranque en frío problemático.
Por fuera
- Agachate y mirá el auto de punta a punta desde una esquina. Las diferencias de color y las ondulaciones se ven mejor de costado que de frente.
- Revisá que las separaciones entre paneles sean parejas.
- Abrí y cerrá todas las puertas, el capó y el baúl. Tienen que cerrar sin fuerza y sin ruido raro.
- Mirá los cuatro neumáticos: mismo desgaste, misma marca idealmente, sin gastarse más de un lado.
- Levantá la alfombra del baúl. Debajo está la chapa del piso: buscá arrugas, soldaduras u óxido.
Por dentro
- Poné el auto en contacto sin arrancar. Todos los testigos del tablero tienen que encenderse (airbag, motor, ABS, freno) y apagarse al arrancar. Si alguno nunca se enciende, lo anularon.
- Compará el desgaste con el kilometraje. Un auto de 60.000 km no tiene el volante lustrado ni los pedales gastados. Si no cierra, el kilometraje puede estar adulterado.
- Probá todo: ventanillas, cierre centralizado, aire, luces, limpiaparabrisas, radio.
- Olor a humedad o alfombras mojadas: puede ser una filtración, o algo peor.
El motor
- Revisá el nivel y el color del aceite. Aceite lechoso o con espuma es una señal fea (puede ser junta de tapa de cilindros).
- Buscá manchas de aceite o refrigerante debajo del auto y en el motor.
- Arrancalo en frío y escuchá los primeros segundos: ruidos metálicos, golpeteos o humo raro por el escape.
- Humo azul: quema aceite. Humo blanco espeso y constante: puede ser refrigerante en la cámara.
Etapa 4: la prueba de manejo
Si el vendedor no te deja manejarlo, se terminó. Y no alcanza con dar una vuelta a la manzana: necesitás por lo menos quince minutos, con algo de velocidad.
- Soltá el volante un segundo en una recta lisa. Si el auto se va para un costado, hay un problema de alineación o de geometría. Puede ser una alineación, o puede ser un chasis torcido.
- Frená fuerte en un lugar seguro. Tiene que frenar derecho, sin vibraciones y sin tirar para un lado.
- Pasá por un pozo o un lomo de burro despacio. Ruidos secos o golpes indican amortiguadores o bujes gastados.
- Probá todas las marchas. Si es manual, que entren sin raspar. Si es automática, que los cambios no peguen tirones ni tarden.
- Llevalo hasta ruta o avenida si podés. Muchos problemas aparecen recién arriba de 80 km/h.
- Apagá la radio y escuchá.
Es común que el vendedor proponga manejar él "porque conoce el auto". Es exactamente al revés: un vendedor que conoce el auto sabe cómo evitar que se noten los problemas. Manejá vos.
El chequeo en el taller
Todo lo anterior lo podés hacer sin ser mecánico. Pero ninguna de esas revisiones reemplaza a un taller con el auto en el elevador. Desde abajo se ve lo que nunca vas a ver: el estado del chasis, los largueros, la suspensión, si hay soldaduras que no deberían estar.
El chequeo pre-compra cuesta una fracción de lo que vale el auto, y es la mejor plata que vas a gastar en toda la operación. Hacelo cuando el auto ya pasó todas las etapas anteriores y estás dispuesto a comprarlo.
Y si el vendedor no te deja llevarlo a un taller de tu confianza: ahí terminó la conversación. Un auto sano no le tiene miedo a un elevador.
Fotos → papeles → auto en persona → prueba de manejo → taller. Cada etapa filtra autos y te ahorra la siguiente. El error clásico es enamorarse del auto en la etapa tres y perdonarle todo lo demás.
Si querés profundizar en las señales que dejan los choques, leé también: cómo saber si un auto fue chocado.